La verdadera Razón en
mayúsculas es aquella que no encuentra razón o motivo alguno que no te permita
experimentar paz y felicidad ahora con lo que creas que esté sucediendo. Todo
lo demás es “razonamiento humano”, es decir razón – a – miento. Y si, es cierto
que puede que estemos muy habituados en experimentar este último,
¿verdad?.
La buena nueva, antigua
nueva o acertadamente la eterna nueva, es que entre lo que nombramos como “tu
razón” y “la mía” siempre se encuentra una Razón: ¡la de SER!. Y esta Razón no
te exige nada, simplemente te invita constantemente, si uno quiere, a poner la
atención en la opción de dejarse en Paz y con la Paz.
Entre este supuesto “tú”
y este supuesto “yo”, puede que en ocasiones seas “tú” el que haga uso de Esta
(Razón de Ser)…, puede que en otras sea “yo”…, puede que a veces lo hagamos los
dos a una…, y puede también que en otras ocasiones no lo hagamos ninguno de los
dos…, es decir ni “tu” ni “yo”. Todo es válido y correcto en su totalidad.
Pero sí que es cierto
que en cuando uno pone su enfoque (atención) en la Razón de Ser y suelta todas
las demás razones o motivos personales se pone de manifiesto la cordura de la
auténtica Razón, y Aquí es imposible que la gratitud no disuelva la idea de
conflicto y que este no quede olvidado en un segundo plano perdiéndose de
nuestra vista como tal…
¿Os suena la típica y
acertada pregunta de…?, ¿qué prefieres tener la razón o ser feliz?...
Optar por seguir dando
coba a la razón humana, o razón-a-miento, te inclina hacia el comportamiento y
el intento frustrado de intentar cambiarlo, corregirlo o rectificarlo, ya sea
en un mismo como en el de los demás, y esto inevitablemente te traslada a la
experiencia de dependencia con el sufrimiento.
Optar por la Razón de
Ser te invita a palpar de primera mano el resultado de haber decidido por la
auténtica amabilidad, en donde vives el reflejo sentido y vívido de: “Soy
digno/a de ser amado” con lo que aparente suceder o pasar, sea lo que sea...
Entre medio de este
optar por…, también existe la trampa o posibilidad de decir “si tienes razón”
sin creerlo y sentirlo de verdad, incluso la versión más “escondida” de callar
y no decir nada pero internamente seguir apoyando la contradicción. En estos
dos casos nos engañamos a nosotros mismos ya que seguimos notando la pesadez de
seguir retroalimentando la idea de conflicto, con sus dos partes: el ataque y
la defensa, o la defensa y el ataque. Da igual el orden y el nombre o adjetivo
de como quieras calificarlo, pues tanto defender el ataque como la propia
defensa siguen siendo un ataque que siempre desemboca en falta de paz.
¿Qué es lo que deseas
elegir?, ¿la paz o el conflicto?, lo que desees de corazón es lo que siempre
experimentas en tu realidad del momento con lo que sea que se te presente.
¿Te das cuenta del Poder
que tienes en tu poder?...
¡Llega un instante en
donde la conciencia de Ser se hace inevitable en nuestra vida y esta se
convierte en un cántico a la gratitud!.

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