No podemos educar con, y para, la Paz hasta que no sepamos
bien que significa educación en nuestra mente y en nuestro corazón.
En cuando pensamos en educación la mente pasa directamente a
patrones antiguos de pensamiento, a ideas y conceptos de lo que entendemos como
educación. Cosa que siempre está basado en nuestra propia educación o en lo
que desearíamos que fuera una futura educación, en base a los posibles fallos experimentados
por cada uno de nosotros en nuestra infancia y en nuestro entorno. De ahí que
la idea de educación que surja de nuestra mente sea la proyección del peso de nuestras
“certezas”, creencias, puntos de vista, ideologías…
¿La educación es algo con lo que tan sólo nos topamos en
nuestra infancia?, ¿es algo que sucede tan sólo en las aulas de los colegios?,
¿es algo que sucede tan sólo en nuestras casas?, ¿solamente está limitada y
relacionada con lo social y con las historias del tiempo?, ¿tiene que ver tan
sólo con lo que nos contamos a nosotros mismos que debería de ser?, ¿o es algo
a lo que estamos siempre expuestos, dispuestos y abiertos a experimentar en
este y en cada instante de nuestra vida?.
EDUCACIÓN en su etimología significa guiar, conducir,
acompañar…
La cuestión después de esto sería preguntarse: ¿por qué nos hemos dejado guiar, acompañar, conducir hasta ahora en este mundo?, ¿por el
miedo?, o ¿por el amor?...
Desde aquí podremos hacer un receso en nuestras vidas y
mirar lo confusos que hemos estado con este tema. ¡En mi caso así era!. Mi
mente, bajo mi beneplácito, aprovechaba cualquier ocasión para despotricar
verbalmente o mentalmente (y a escondidas) hacia alguien que había pasado o
entrado en mi vida y que bajo mi interpretación personal hizo, o no hizo, algo
de la manera específica en que yo esperaba… ¿os suena esto?.
Puede que cada uno tenga su concepto o idea de educación,
incluso puede que nosotros la tengamos de nuestros padres, de los maestros, de
nuestros familiares, amigos, de la sociedad, del mundo… ¿Pero está realmente
claro que la educación esté relacionada con el reproche, con la culpa y con el
resentimiento?...
La educación basada tan sólo en el tiempo, en la
responsabilidad externa, en los maestros, en los políticos, en la moral, en la
sociedad, en la economía, en el miedo… ¡está caduca!. Y en cuando nos abrimos a
esta idea de Corazón puede que comprobemos que más bien era una proyección de
nuestro olvido, una decisión de seguir sustentando nuestro deseo de victimismo,
nuestra irresponsabilidad, nuestra creencia de que la verdadera educación tiene
que ver con los demás o lo que para nosotros “está de más...”. Puede incluso que
en un fin esta sea la oportunidad de darnos cuenta ¡de que nada está de más!, hasta
lo que tiempo atrás parecía que apoyaba el sinsentido AHORA puede cobrar
sentido para uno, pues puede que apunte y despierte en nuestra mente el camino
a la salvación. Incluso puede que se convierta en el Regalo de dejar de retomar
la “necesidad” o “deseo” de culpar a todo nuestro entorno, al mundo, incluso a
nosotros mismos, del sentir de nuestra idea de educación.
¿Nos podemos imaginar que sería estar libres de todo
reproche?, ¿nos podemos imaginar que se sentiría en este espacio espacioso en
dónde todo tiene cabida?, ¿nos podemos imaginar afrontar el miedo que pueda
venir a nosotros desde una perspectiva no miedosa?, puede que este sea el
camino individual a una nueva experiencia de educación…
Una -nueva- educación puede que dependa principalmente de
uno mismo, de la toma de contacto con la responsabilidad, con la honestidad, con
la franqueza y con el retorno al Conocimiento de lo que Uno Es.
¡Seguro que desde aquí la Vida puede expresarse
libremente a través de cada uno de nosotros convirtiéndose en un libro abierto
en dónde todos puedan mirarse, aprenderse y reconocerse a Sí Mismos!.
Fernando Rico

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